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Chile recuerda desde Peñalolén a Gabriela Pizarro

G.PizarroGabriela Pizarro es el signo latente del folclor chileno, nació entre la investigación, la creación, la difusión y la enseñanza de la música popular. Si hay una huella palpable en el alma de los campos y las ciudades, ésta es el conjunto Millaray, que ella fundara en 1958, dándole un espacio digno y virtuoso a la música de Chiloé, a través de los discos y espectáculos realizados.
En estos días se prepara la construcción de un monolito en homenaje a su obra humana y artística en el lugar donde sus vecinos de Peñalolén la vieron toda una vida tomar la micro para ir a cantar o a trabajar en su incansable labor de investigación. Los dirigentes sociales y folcloristas de la comuna preparan con tesón y pulcritud esta escultura enclavada en Tobalaba y Nueva Uno.

De Lebu a Santiago
Gabriela Eliana Pizarro Soto nació en Lebu, provincia de Arauco, el 14 de octubre de 1932. Sus padres fueron Blanca Hortensia Soto, originaria de esa ciudad, y José Abraham Pizarro. La madre había estudiado en el Conservatorio Nacional y en Lebu era una activa participante del coro de la iglesia, de la orquesta de profesores y de grupos de teatro, zarzuela y opereta. Y tan o más determinante fue la mujer que crió a Gabriela Pizarro: la cantora campesina Elba González, de Cañete, le mostró el arte popular vivo en las casas de canto y las festividades religiosas. Así evoca esos años la propia folclorista en el libro Gabriela Pizarro Soto y su andar en el folclor chileno (2002), de donde están tomadas sus siguientes citas.

"Mi papá era un gran amante de la ópera y no le gustaban las chinganas. No podía ni verlas. Mi nana y yo nos internábamos en una calle del barrio popular (...), y ahí había una casa en la que se juntaban el fin de semana a bailar. Y ella era la que tocaba y cantaba. En esa casa había siempre una fuente grande con mote con huesillos y se servía aloja (mistela). Ella cantaba y cantaba sus valses en guitarra. Cuando la sacaban a bailar eran unos bailes como corridos, como caminados, agañados", describe Gabriela Pizarro, quien también alude al Mes de María y a las procesiones de la Cruz de Mayo entre esos recuerdos tempranos.

Gabriela Pizarro empezó a tomar clases de guitarra con la profesora Isabel Soro, y las primeras tonadas, valses, cuecas y boleros que aprendió a tocar fueron también el comienzo de su carrera definitiva.

Loyola y Parra, la maestra y la madrina
Entre los 21 y los 22 años, Gabriela Pizarro se enroló en dos escuelas trascendentes para su formación. En 1954 su profesora Isabel Soro la presentó a los cursos de la Escuela de Temporada que desde 1949 dictaba Margot Loyola en la Universidad de Chile, donde compartió aulas con unos jóvenes Rolando Alarcón, Víctor Jara, Silvia Urbina y Cuncumén. Y entre 1955 y 1961 fue parte del coro de la misma universidad, donde recibió una educación vocal formal, conoció a académicos como Manuel Dannemann, Alfonso Letelier y Raquel Barros y formó su primer grupo folclórico junto a Jaime Rojas, futuro integrante de Cuncumén.

"Necesitaban a una persona para cubrir un espacio de folklore en una radio. Ahí cantaba la Violeta. Yo la admiraba. Era igual a todas las señoras que había conocido en el campo", recuerda. Tres meses duró el reemplazo. "Y conocí a la Violeta a su llegada. Cuando le entregué la audición yo había preparado un ponche de culén y unos alfajores negros para festejarla. Ella me hizo cantar (la tonada) ‘La jardinera’, me acogió muy bien, se interesó. Después tenía fiestas y a veces me llamaba para que le colaborara". Algunas de esas invitaciones fueron a la ramada de Violeta Parra en el Parque Cousiño (1958) y su carpa en La Reina (1965).

Millaray y el golpe
Dos hitos más tuvieron lugar en 1957. Ese año Gabriela Pizarro inició un nuevo conjunto folclórico al alero de la Casa de la Cultura de Ñuñoa, y actuó en el programa de radio "Un pueblo canta", impulsado por el escritor Julio Alegría y dependiente del Departamento del Pequeño Derecho de Autor de la Universidad de Chile.

"Había que ponerle un nombre, porque ya no era yo quien cantaba sola, sino un grupo. Ahí nos pusieron Millaray, que significa flor de oro", explica. Millaray hizo la más completa exploración en la música de Chiloé, grabó cinco discos en la colección El folklore de Chile para el sello Odeón y es uno de los dos esenciales conjuntos de proyección folclórica chilenos junto a Cuncumén.

Gabriela Pizarro se casó en 1960 con el cantante y autor Héctor Pavez. Tuvieron cinco hijos, la mayoría de ellos vinculados al canto o la danza: Gabriela, Anaís, Valentina, Héctor y Julieta Pavez. Además de dirigir al conjunto, la folclorista dictó cursos en las casas de la cultura municipales de San Miguel (1963), Santiago (1969) y La Granja (1973). Desde 1966 fue profesora de guitarra en la Escuela Musical Vespertina de la Facultad de Música de la Universidad de Chile, e impartió clases en las carreras de pedagogía musical (1969) y pedagogía en danza (1973) de la misma universidad.

Cuando Gabriela supo que había muerto Víctor Jara estuvo ronca entre dos o tres años. "¿Cómo salí de ahí para adelante sin guitarra ni nada? Fueron los niños, los niños chicos del barrio que, como los hacía cantar todos los años para Navidad, me dijeron ¿Vamos a cantar ahora? ¡Ya, po! Tuve que salir a buscar una guitarra prestada y con eso comencé a formar grupos de niños (...). Fue la primera vez que saqué a los niños de la población a cantar a un recital de cinco villancicos, no más".

Rearticuló su actividad en Chile junto a músicos como Catalina Rojas, Roberto Parra, Arssel Angulo y Romilio Chandía, que había sido su compañero en Millaray, además de sus hijos. Con una nueva versión de su conjunto presentó el recital de canto religioso campesino "La pasión de Manuel Jesús" (1979) y en adelante siguió trabajando en obras relacionadas con el Primero de Mayo, la fiesta de Cuasimodo o la Navidad, además de conseguir el apoyo de la agregaduría cultural de la Embajada de Francia para el recital "Canto a seis razones" (1985).

Para el año 1999 Gabriela Pizarro ya avanzaba en la grabación de un disco de cuecas recopiladas por Violeta Parra cuyas partituras habían sido halladas por su discípula Patricia Chavarría. Pero también avanzaba un cáncer al pulmón que no le permitió ver el terminado el disco, demorado por una disputa legal sobre los derechos de esas obras que fue resuelta en su favor, pero tarde. 20 cuecas recogidas por Violeta Parra (2000) apareció después de que, el 29 de diciembre de 1999, la enfermedad acabara a los 67 años con la vida de Gabriela Pizarro. Completadas por sus hijos y por Catalina Rojas y Patricia Chavarría, ocho de esas veinte cuecas que un mes antes aún ella estaba grabando son su último aliento.

“Con ese aire de aristocracia que sale de su maravillosa producción musical ella se iba a una población, a veces lloviendo, se bajaba de una micro y caminaba cuadras por el barro a la una de la mañana. En cuanto abría la boca estaba dictando cátedra –recuerda Nouzeilles–. Donde se sentaba Gabriela Pizarro era una profesora”.

Fuente: www.musicapopular.cl

 

Actualizado (Martes, 18 de Octubre de 2011 22:55)